La crisis como oportunidad

IPNUSAC

Al momento de redactar y publicar estas líneas editoriales, las puertas de acceso al campus central de la Universidad de San Carlos de Guatemala permanecían cerradas, en virtud de la acción de hecho liderada por el Colectivo Estudiantil Universitario (CEU), medida de bloqueo al cual se sumaron presencialmente, o se solidarizaron discursivamente, otras entidades estudiantiles, de docentes y de trabajadores de la USAC. Otros recintos de la USAC también fueron ocupados pacíficamente por estudiantes, tanto en la capital como en centros universitarios regionales o departamentales.

El cierre de los accesos al campus central y de otras instalaciones universitarias impone la paralización, de hecho, de las labores de la USAC, afectando directamente a miles de estudiantes y centenas de trabajadores, e impacta, de diversas maneras, a la sociedad guatemalteca.

El cierre y la holganza forzada de la USAC resultan, así, de acciones de grupos estudiantiles que de este modo entienden y ejercen sus derechos constitucionales a la libre agremiación, de petición y de manifestación. Pero es, sin ánimo de descalificación, resultado de la acción de una porción pequeña –aunque beligerante– de la comunidad universitaria, una acción tomada por sí y ante sí, sin tener en cuenta la voluntad expresa de esa misma comunidad. Aplica, en esto, la conocida expresión según la cual la forma es contenido, y el contenido es forma.

Pero solo a riesgo de incurrir en una inimaginable ceguera política, podría permitirse el facilismo de desaprobar la forma y de paso pretender ignorar el contenido. Todo síntoma remite a un mal, que es precisamente lo que debería ocupar la atención del conjunto de la comunidad universitaria.

No es la pretensión de estas líneas editoriales otorgar bendiciones, indulgencias o descalificaciones a un movimiento que –nos guste o no, lo apoyemos o no– está apuntando a problemas de la USAC.

Por eso el énfasis de nuestra reflexión sobre esta crisis universitaria se dirige a ver en ella una oportunidad; una oportunidad para reconocer problemas, donde los haya; una oportunidad para enmendar lo que se deba corregir; una oportunidad para aclarar, lo que se haya malentendido.

Pero, ante todo, una oportunidad para acudir como práctica renovada a la única ruta aceptable entre universitarios para abordar los problemas –reales o imaginarios–, la ruta del diálogo, respetuoso, democrático, constructivo.

La primera respuesta del Consejo Superior Universitario (CSU) frente al cierre de los accesos al campus central fue la conformación de una comisión a la cual se encomendó entablar el diálogo con la organización promotora de esta acción, y reiteró su disposición al diálogo con todos los sectores universitarios.

Es grande el daño que puede hacerse a la USAC si el necesario diálogo interno no se realiza con responsabilidad y auténtico espíritu de solución de los problemas realmente existentes. Daño que se extiende al conjunto de la sociedad guatemalteca, en momentos en que el país camina al borde de una nueva crisis política e institucional, en momentos que desde el exterior se le pretende imponer, a través de la amenaza y el chantaje, una forma inviable de encarar la crisis migratoria regional.

Hoy más que nunca, Guatemala necesita de la lucidez y la unidad de sus universitarios para enfrentar los desafíos del autoritarismo autóctono y la arrogancia imperial. Es imperativo no caer en el juego de quienes nos quieren distraídos y divididos.


Editorial edición 167